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Alejandra García: una artista de trazos y papel

Un estilo único, propio y arriesgado es el que lleva Alejandra García. Sus atuendos, con tendencias retro, rock y vintage, permiten entrever su vena artística, donde el juego con texturas y estilos son fruto de una imaginación rica, que le posibilitan ver más allá de lo obvio, de lo simple o de lo cotidiano, quizá, es por eso que dejó que el fuego se apoderara de su cabello, el cual, al parecer, deja en libertad para que se acomode arbitrariamente, así, sin esquemas ni imposiciones, casi como si fuera el mismo arte.

Alejandra, una joven con casi 16 años, habitante de Marinilla y quien, desde muy pequeña, se dejó cautivar por las líneas y los trazos, no sabe con exactitud cuál fue su primer dibujo, pero recuerda que, cuando tenía 11 años y su mamá estaba embarazada, realizó su primera ilustración con bolígrafo, en dicho momento decidió embarcarse de lleno en el arte, inspirada por el hiperrealismo del italiano Marcello Barenghi.

Esta joven, con brasa en el pelo, nació en una familia de artistas, pues su padre y su abuelo han sido sus principales mentores, siendo el primero quien le entregó las bases para dibujar y trazar sus primeras líneas. “Yo me propuse el hiperrealismo y, poco a poco, con los materiales y haciéndolo y no rindiéndome, logré lo que tanto quería, y pude perfeccionarme en el hiperrealismo y ya después empecé a dibujar en bolígrafo” cuenta.

Aunque para muchos el bolígrafo es una herramienta exclusiva para la escritura, Alejandra lo adoptó como una extensión de su talento, pues las tintas de sus esferos han delineado infinidad de rostros desprevenidos que, sin imaginarlo, terminan en las hojas de una libreta o, en ocasiones, de un libro con páginas que dejan vislumbrar el paso del tiempo. “Me he especializado mucho en los rostros, porque me gusta mucho plasmar las personas, entonces es muy bonito, y aunque mi papa no me enseñó el hiperrealismo, él siempre me incentivó esa actitud frente a las cosas, siempre a ser muy profesional en lo que se hace, siempre meterle todas las ganas, la precisión y perfeccionarme” expresa.

Los primeros trazos

La artista recuerda con gracia sus primeros trazos y los cataloga como caricaturescos, puesto que, en ese momento, no contaba con las pautas de proporción, ni con la técnica para realizar sus ilustraciones en cada uno de los diferentes materiales en los que se trabaja el dibujo. Sin embargo, para esta joven expresiva y de mirada aplacada, nada ha sido un impedimento para perfeccionar sus obras, tanto así que el dibujo contra reloj se ha convertido en un reto para ella, “porque yo aprendí a dibujar muy rápido, como a contra reloj, porque una persona, a veces, se mueve mucho o cambia de posición, entonces uno tiene que adquirir mucha práctica para poder realizar una ilustración”, dice Alejandra García.

Asimismo, cuanta que, desde muy joven, le ha gustado sentarse en los parques, plazas e iglesias, allí, mientras observa el entorno, se topa con algunos rostros que la inspiran, especialmente los de personas mayores que, en sus recorridos o visitas a estos sitios, se acompañan de un periódico, un tabaco o un tinto, usando, por costumbre o prevención -solo ellos lo saben- un sombrero o una ruana.

Esta dibujante apasionada no le gusta tener modelos estáticos, puesto que, de esa manera, no podría capturar su esencia y plasmarla en sus ilustraciones, ella prefiere que se muevan y que no se percaten de que están siendo retratados, pues es de esa forma en la que logra descubrir lo mágico de cada una de sus Muzas y Adonis, quienes, si están de suerte, reciben la obra de la artista y, por qué no, un poco de su misma naturaleza.

La evolución del arte

Para Alejandra, su proceso en el arte ha sido inspirador y dice que cada uno de sus logros y avances se deben a la disciplina y dedicación que sus padres le han inculcado y, aunque para su edad ha sido un poco complicado llevar ciertas rutinas, agradece por la manera como ha crecido y por sentir tanto placer al hacer del arte un hobby, un trabajo o su mismo estilo de vida.

Desde que inició con el dibujo, a los 12 años, la artista empezó a potencializar su memoria visual, tanto que, en ocasiones, se topa con una persona, la analiza, la estudia, descubre sus rasgos y se deja cautivar por su magia, para después -en un lugar donde se sienta llamada por la tinta y las hojas- iniciar su obra y plasmar lo que ese ser, sin percatarse, le entregó de sí.

Mientras dibuja, deja que los segundos, los minutos y las horas colapsen; se envuelve en su diseño y deja que sean el esfero y el lienzo los que dance al compás, casi imperceptible, de un reloj que, en ese momento, no existe para la casta ilustradora, pues crea un mundo entre el recuerdo, la inspiración y el tapiz, convirtiéndolos en protagonistas, burlándose de Cronos y de los ires y venires que este apremia.

Para esta artista, en una obra no solo influye lo que refleja la persona, el lugar o el objeto que está plasmando, sino lo que ella, como creadora, sienta en ese momento, es por ello que ha adoptado su práctica como una manera de hacer terapia y afrontar situaciones que le puedan generar estrés o angustia y, dice que, “aunque no dibuje cosas tristes, uno a veces depende del sentimiento (…) eso sirve para desahogarse mucho, para despejar la mente” expresa.

Mostrándose al mundo

“Todo en empieza desde casa”, dice Alejandra, quien, desde el inicio de su vida artística, se ha sentido apoyada por su familia, pues reconoce que hay personas con talento, pero que no cuenta con el respaldo, con los recursos ni con la disciplina que se requiere para alcanzar grandes cosas. De esta manera, han sido varios los concursos de la región en los que la dibujante ha participado y ha alcanzado los primeros lugares, siendo esta las muestra de su profesionalismo, empeño y dedicación.

Para la joven, la mejor manera para mostrar y dar a conocer su talento era entregando algunas de sus obras a sus modelos, aunque, muchas de ellas, las conserva en su libreta o en las páginas del libro que siempre la acompaña, otras en las cojoneras de sus padres, quienes, con amor y orgullo, han reguardado gran parte de las creaciones que esta vehemente joven ha diseñado, siendo los principales conocedores y testigos de su evolución y proceso.

Sin embargo, después de muchos años de perfeccionar y pulir su técnica, Alejandra se arriesgó a conquistar un público más amplio: el de la internet. Desde enero del presente año, la artista creó una cuenta en la red social Instagram, desde esta plataforma ha mostrado su talento y se ha dado a conocer como @elplacerdedibujaagarcia, una marca que adoptó desde sus inicios y que, hasta el momento, ha querido conservar. “Yo me he dado a conocer y es muy bonito porque uno conoce muchas personas que saben de arte, no solamente cuanto a la ilustración, sino lo que es la música, lo que es el arte de escribir, y eso es muy bueno, conocer personas, poder compartir lo que uno hace” expresa.

Uno de los sueños que más motiva a la joven es poder realizar una exposición con todas las obras que ha hecho, pero, en el momento, no cuenta con los recursos económicos para cumplir este sueño, aunque no se rinde ni se limita, pues está segura que logrará cumplir esa meta. Asimismo, dice le gustaría “poder llegar con el arte mucho más allá, poder ir a otros lugares, poder conocer, poder compartir (…) poder exponer un día en Estados Unidos o en otros países”.

Una artista sin límites

Alejandra García, la joven que regala sonrisas y cafecitos a quien se topa, la observa o la lee, es una artista que no se limita y que, aunque se denomina como “una mechuda rara”, gua

rda una inocencia y una cordura, en ocasiones extraña para su corta edad. Su transparencia y nobleza le permiten que, hasta lo más simple, tenga su magia, pues su capacidad de asombro sigue intacta, es por ello que hace de lo cotidiano una obra de arte.

A través del arte, la joven ha desarrollado una sensibilidad y un método de expresión y comunicación, por lo cual, invita a que quien sienta gusto por alguna categoría artística, se anime y arriesgue y que, al igual que ella, no se limite y haga lo necesario para cumplir su sueño. “Yo los invito para que se metan en el arte, en cuanto a todo, si te gusta cantar, si te gusta tocar un instrumento, si te gusta escribir, si te gusta el teatro o, digamos, si no están claros, que se atrevan a crear cosas nuevas” puntualiza.

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