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Ecosistemas nacionales que debemos conservar

El Espectador

La misión de seguir protegiendo los atributos que nos hacen el segundo país más biodiverso del mundo, y garantizar su manejo adecuado, debe ser una tarea prioritaria del Estado y de los ciudadanos. Estos son sólo algunos de los ecosistemas que requieren un foco especial.

Actualmente Colombia cuenta con 30’921.869 hectáreas de áreas protegidas, lo que equivale al 15 % del territorio nacional. Zonas donde no sólo se protegen los diferentes ecosistemas del país, sino también los actores sociales que las habitan. La misión de proteger nuestro territorio, siempre de la mano de procesos articulados con las comunidades, debe continuar, especialmente en aquellos lugares del país que albergan ecosistemas únicos, que de no conservarse ahora podríamos perder.

Luis Germán Naranjo, director de conservación de WWF-Colombia, y Germán Corzo, investigador del Instituto Humboldt, detallan cuáles son algunos de los ecosistemas nacionales que debemos priorizar y por qué resultan vitales para la subsistencia de los seres vivos.

Bosque seco tropical

Es uno de los más amenazados del país. El bosque seco tropical regula el clima local, alberga biodiversidad que no está por fuera de estos bosques como los polinizadores, dispersores y depredadores. Este ecosistema también contribuye a la regulación de la hidrología local. La mayoría de las regiones donde se encuentra son supremamente fértiles y aptas para actividades como la ganadería, por eso han sido fuertemente transformadas, especialmente en el Caribe y el Valle del Magdalena. Dentro del Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SINAP) sólo se encuentra representado en un 1%.

Humedales

Son los responsables de regular la hidrología de las grandes regiones. Los humedales acumulan el exceso de agua que produce el invierno y lo liberan paulatinamente en época de sequía. Como la velocidad del agua en humedales, pantanos y ciénagas se reduce, los sedimentos provenientes de la erosión, causada por la deforestación, se depositan en el fondo de los humedales. Es por eso que las tierras adyacentes a estos ecosistemas son supremamente fértiles. Si los humedales no recolectan estos sedimentos se generan desastres de gran magnitud o terminan en el océano, lo que genera el deterioro de especies tan importantes como los arrecifes de coral.

Este tipo de ecosistema forma parte esencial del ciclo biológico de las poblaciones de peces, pues es ahí donde desovan y, además, prestan un servicio ecosistémico fundamental para buena parte de la población colombiana: la provisión de proteína.

Los humedales cargan una relevancia simbólica trascendental para muchas comunidades que los consideran sitios sagrados, o de pagamento. Por eso su conservación va más allá de proteger la biodiversidad del país, se trata de conservar igualmente los espacios culturales y espirituales

Áreas marinas

Además de ser fuente importante de recurso alimentario para la población, los ecosistemas marinos capturan más carbono del que imaginamos. Los arrecifes de coral, los pastos marinos y los manglares son sitios de máxima riqueza natural, donde las especies se congregan para nutrirse y sobrevivir.

Para hacer manejo adecuado de estas áreas se requieren muchos más recursos que para zonas terrestres, pues la logística que implica la protección de extensas áreas de mar es más costosa y dispendiosa.

Dentro de las áreas marinas encontramos los manglares, importantes ecosistemas que son sala/cuna de peces y las playas que son vitales para animales como la tortuga que desovan en ellas, pero amenazas como el turismo desordenado, la contaminación por plástico ,entre otros, hace que la dinámica oceánica se transforme, por eso su protección es urgente.

Por último, es necesario mencionar las sabanas de la Orinoquia, muy importantes por su riqueza biológica, como es el caso de las sabanas inundables, uno de los albergues de la mayor diversidad de peces en el mundo.

La conservación del patrimonio biológico de los colombianos es trascendental, sin embargo, además de seguir trabajando por la representatividad ecosistémica, es necesario garantizar un manejo efectivo de cada una de estas áreas. “Para proteger a cabalidad nuestra biodiversidad es necesario manejar sosteniblemente los grandes paisajes donde se encuentran estas áreas (Amazonia, Orinoquia, Andes, Caribe…). Entender sus sistemas de producción, las necesidades de sus comunidades, etc.”, afirma Luis Germán Naranjo.

“Debemos acudir a todas las estrategias complementarias de conservación necesarias para proteger nuestra biodiversidad”, finaliza Germán Corzo.

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