Actualidad

Un libro para recuperar los símbolos muiscas

Por: Juan Miguel Hernández Bonilla/@juanmiguel94 - El Espectador

El objetivo de “Suamox, símbolos visuales” fue recoger las tradiciones orales del territorio muisca de Sogamoso e intentar explicar la simbología ancestral presente en las pictografías (pinturas sobre piedra) y los petroglifos (grabados en la roca).

A finales del siglo XVIII, entre 1786 y 1789, la lengua muisca fue prohibida en el Virreinato de Nueva Granada. Las personas que insistían en hablarla eran condenadas a la muerte. Con esta imposición, que abarcaba el territorio actual de Colombia, Ecuador, Panamá y Venezuela, el imperio español declaró el castellano como el idioma oficial de sus colonias en América.

Esta sentencia fue el principio del fin de una lengua que hoy se considera extinta, pero que sigue latiendo en múltiples expresiones del español contemporáneo. “Los hablantes de muisca desaparecieron, pero la lengua siguió viva en las toponimias (nombres de los lugares) y las homonimias (nombres o apellidos de las personas)”, asegura Jairo Leonardo Comba, profesor de la Facultad de Diseño, Comunicación y Bellas Artes de la Fundación Universitaria del Área Andina y autor del libro Suamox, símbolos visuales, lanzado la semana pasada en la Piedra del Dragón, un territorio sagrado para el cabildo Muisca de Sogamoso.

La paulatina desaparición de la lengua trajo consigo el olvido y el abandono de los símbolos ancestrales de la cultura muisca. Los dioses indígenas, la explicación del origen del universo, las labores del campo, representados en dibujos sobre piedra, fueron reemplazados por los signos cristianos. La cruz se sobrepuso a la espiral. Los caballos sustituyeron al hombre rana y a la serpiente. Dios sepultó a Bochica.

La Piedra del Dragón, ubicada al borde de la carretera que comunica a Sogamoso con Gámeza, dos municipios del norte del departamento de Boyacá, está sucia y llena de grafitis. Políticos en campaña, jóvenes enamorados y hasta sacerdotes católicos la han usado como vitrina, pasando por encima de los símbolos sagrados muiscas, que pese a todo sobreviven allí desde hace miles de años.

“Antes de que intervinieran el lugar había una fuente de agua junto a la roca y una serpiente dorada. Con la carretera, el turismo y la ignorancia, la serpiente desapareció y el agua se secó”, recuerda el abuelo muisca Siratá Lacheba, mientras les pide en un ritual sagrado a los dioses que custodian el territorio para presentar el libro.

Siratá Lacheba y su familia coinciden en que esas piedras guardan la historia del pueblo muisca. “Estas rocas son una biblioteca, un libro sagrado escrito por los dioses antiguos. Aquí encontramos viva la memoria que todos llevamos dentro”.

De acuerdo con el abuelo Siratá, el libro del profesor Comba es una herramienta fundamental para empezar a recuperar el legado simbólico que se fue perdiendo con la colonización y la modernidad.

A través de una serie de fotografías, ilustraciones y textos que explican los cinco símbolos muiscas más importantes, Suamox, símbolos visualescompila y documenta las figuras grabadas en varias rocas del actual departamento de Boyacá.

“El objetivo del trabajo editorial fue recoger las tradiciones orales del territorio muisca de Sogamoso que intentan explicar la simbología ancestral presente en las pictografías (pinturas sobre piedra) y en los petroglifos (grabados en la roca )” , dice el profesor Comba durante la ceremonia de presentación.

El recorrido del libro empieza con el punto, entendido como origen de la creación y primer elemento gráfico, y termina con Bochica, el héroe civilizador que les enseñó a los muiscas los valores y principios morales de su cultura, incluyendo la vida en armonía con la naturaleza. “Lo que yo hago”, sostiene Comba, “es tejer una historia que se desenvuelve a lo largo de conjuntos de símbolos y elementos del lenguaje visual, y sugiero una lectura gráfica”.

El punto empieza a girar y se forman espirales. En la mitología muisca, la espiral es la creación. Se desenvuelve y da origen a la onda, que se vuelve montaña. Así llegamos hasta el cielo y hasta el sol, otro de los símbolos claves para entender la complejidad de esta cultura.

A medida que pasan las páginas y que se descubren las rocas, la espiral se va volviendo serpiente, símbolo de sabiduría, y la serpiente se transforma en dragón. “Cada uno de los maestros que venía con Bochica”, dice Siratá Lacheba, “grabó su dragón en esta roca. La mayoría tiene cinco rayos, varias extremidades, doble espiral. Simbolizan la Vía Láctea y los cinco elementos: fuego, aire, tierra, agua y éter”.

Como se recopila en el libro y se ve con claridad en las piedras sagradas, la rana y el rombo también son protagonistas de la mitología ancestral de las comunidades del altiplano cundiboyacense. Muchas ranas aparecen dibujadas en objetos sagrados y se asocian con la fertilidad, con lo femenino, con los páramos y con el agua. El rombo es la abstracción de la rana. Hace referencia al tejido, a la importancia del pensamiento colectivo, de la vida en comunidad.

El regreso a los pictogramas que sobreviven alrededor de Sogamoso y la publicación del libro Suamox, símbolos visuales son la muestra de un territorio que está despertando. Las palabras del maestro Siratá Lacheba así lo demuestran: “Queremos rescatar nuestra lengua y nuestros símbolos. Queremos que nuestro pueblo vuelva a creer en sí mismo y se identifique con el patrimonio muisca”.

Comentarios

Te puede interesar