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UNA BREVE REFLEXIÓN

La educación genera confianza. La confianza genera esperanza. La esperanza genera paz” Confucio

La  reflexión  nos debe llevar necesariamente a la conclusión de que un país que busca la paz, sin duda  debe destinar una partida suficiente para atender las demandas de la educación;  a finales del año anterior cuando se aprobaba el presupuesto nacional para la presente vigencia, el Ministro de Hacienda anunciaba al país que históricamente en el año 2015 la cifra que se apropiaba para la educción superaría la inversión en defensa; se estructuro en  29.4 billones de pesos, equivalente al 3.6 del P.I.B, en tanto que para la defensa se situó en 28.1 Billones de pesos, equivalente al 3.4 del PIB..

El titular que registraba aquella importante comparación que pretendía sin duda disuadir al lector de que los nuevos esfuerzos del gobierno estaban orientados a fortalecer la educación en Colombia,  lo que registraba sin duda era una disminución considerable de las cifras relacionados con los años inmediatamente anteriores en los que la inversión en educación registraba la siguiente tendencia con relación al PIB, en efecto, en el año 2010, la inversión era del 4.8, en el 2011 del 4.5, en el 2012 del 4.4 y en el 2013 de 4.9.

Sin duda uno de los propósitos programáticos de la mayor parte de las campañas políticas en Colombia se estructuran desde el eje de la educación, pero al final es muy poco lo que puede percibirse en materia de avances o en la política nacional de orientar la educación hacia la verdaderas necesidades que reclama la nación;  máxime si se tiene en cuenta que las cifras que se destinan a la investigación cada vez son disminuidas tanto en los presupuestos de las entidades públicas como de las privadas.

En el prólogo de la obra del argentino Andrés Oppenheimer ¡crear o morir!, el autor expresa: “Pero también es cierto que una buena educación sin un entorno que fomente la innovación produce muchos taxistas de sorprendente cultura general, pero poca riqueza personal o nacional”.

En el país a pesar de que la creación de un programa académico debe cumplir con algunos parámetros que orientan la obtención de un registro calificado, en el que aparece la pertinencia como uno de los factores, es claro que la oferta sigue siendo enmarcada hacia programas tradicionales que tienen una amplia saturación, lo que genera en  consecuencia menos oportunidades para los profesionales que con gran expectativa se preparan para  acceder a un mercado laboral.

El Gobierno Nacional presentó en materia de educación un controvertido artículo  dentro del Plan Nacional de Desarrollo 2014-2018, propuesto para el estudio del Congreso Nacional, en el que se crea el Sistema Nacional de Educación Terciaria, formado por toda aquella educación o formación posterior a la educación media, cuyo objeto es promover el aprendizaje a un nivel elevado de complejidad y especialización.

En las asociaciones que integran a las Instituciones de educación Superior en Colombia,  existe un marcado inconformismo por las normas que se vienen expidiendo,  las cuales desconocen el roll que han jugado las mismas Instituciones en el desarrollo de la educación, se vienen expidiendo normas a espaldas de la realidad y distante de  las necesidades actuales de la educación; el término de educación terciaria incluso ha generado polémica entre algunos pedagogos,  como quiera que con el mismo no se denota la importancia que representa para una sociedad la educación superior.

La inconformidad de las instituciones privadas tiene especial significado si se tiene en cuenta que el sistema de Educación Superior en Colombia está conformado por 288 Instituciones, de las cuales 81 corresponden a Instituciones públicas y 207 a instituciones privadas, es decir que del total de Instituciones de Educación Superior, el 72% de las mismas son de origen privado y solo un 28% de carácter público.

La falta de políticas serias del gobierno nacional en torno a la Educación en Colombia, se evidencian claramente en los indicadores internacionales que miden los sistemas, en los que no se ha obtenido precisamente los mejores resultados, también se suma el hecho de que al sistema parece interesarse más por la cobertura que por la calidad, con lo que se hace visible el deterioro del sistema educativo.

Colombia reclama la existencia de un sistema de educación coherente que sea construido sobre el consenso,  que conlleve al fin último de la educación que consiste en ofrecer mejores condiciones de vida para los que se esfuerzan cada día en ser mejores, la reflexión que debe hacer el país no debe ser mediática para conjurar un paro o para presionar que se archive un proyecto de ley, debe orientarse hacia la construcción de un país incluyente que en forma efectiva procure la prosperidad para todos, aparte de ser simplemente una fórmula con sentido demagógico.

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