EDITORIAL | El Mundo de los Niños

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Según cifras entregadas por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, en el 2017 fueron registrados 10.768 casos de maltrato infantil en Colombia, desde sus diferentes modalidades y comportamientos. Por su parte, en Antioquia, se presentaron 628, lo cual equivale al 8% de la cifra del país. Asimismo, el ICBF revela que en el departamento se realizan entre 12 y 20 denuncias diarias, en este punto, asegura el Instituto, el registro de violencia infantil supera la cifra oficial.

En cuanto al significado de violencia contra la niñez, la Organización Mundial de la Salud –OMS- dice que se refiere al “trato físico y/o emocional equivocado, abuso sexual, el abandono y el descuido de los niños, así como su explotación comercial o de otro tipo”.

Ahora, desde el contexto colombiano y tomada desde el Código de la Infancia y la Adolescencia 2006,  es entendida como “toda forma de perjuicio, castigo, humillación o abuso físico o psicológico, descuido, omisión o trato negligente, malos tratos o explotación sexual, incluidos los actos sexuales abusivos y la violación y en general toda forma de violencia o agresión sobre el niño, niña o el adolescente por parte de sus padres, representantes legales o cualquier otra persona”.

es deber de la sociedad proteger y crear entornos seguros donde los más pequeños puedan fortalecer su desarrollo emocional, intelectual y personal, lo cual contribuye, directamente, a cambiar las dinámicas que, hoy por hoy se viven

Teniendo en cuenta lo anterior, se percibe que, en Colombia, cada uno de estos abusos se presentan a diario, vulnerando a niños, niñas y adolescentes sin excepción y, muchas veces, proviniendo de manos de sus padres, personas allegadas o de individuos que representan algún tipo de autoridad en su vida, lo cual los pone en desventaja, puesto que, en los escenarios donde deberían estar y sentirse seguros, es donde están surgiendo la mayoría de flagelos.

No es justo que los menores deban estar sufriendo las consecuencias de un país donde se perdió el respeto, los valores y la consciencia, pues es deber de la sociedad proteger y crear entornos seguros donde los más pequeños puedan fortalecer su desarrollo emocional, intelectual y personal, lo cual contribuye, directamente, a cambiar las dinámicas que, hoy por hoy se viven, teniendo en cuenta que, en unos años, estos niños, niñas y adolescentes serán adultos con principios y bases sólidas en el respeto o, por el contrario, los futuros adultos abusadores y/o con frustraciones y cargas del pasado.

El mundo debe pertenecer a los más pequeños, pues serán ellos los que construyan, adecuen y fortalezcan cada una de las maneras cómo se comporta la sociedad. La responsabilidad que hoy convoca a los padres, familiares, profesores o acudientes de los menores es grande, pues no es un secreto que, hoy por hoy, la crianza se ha convertido en un difícil reto, donde no solo basta con lo que los niños aprendan desde sus núcleos familiares, sino que hay que prepararlos para que puedan vivir en los diferentes contextos y adoptar solo lo mejor de ellos.

Asimismo, se debe educar a los niños, niñas y adolescentes en la cultura del “no miedo” y de la autoestima, donde no se dejen intimidar, engañar o maltratar por individuos malintencionados, inclusive miembros de su familia.

Los pequeños son seres indefensos y con una gran capacidad para aprender de cada situación en que se encuentren, tanto buena como mala, es de esta manera como van forjando su carácter y forma de ser. Por lo tanto, padres, familiares y cualquier adulto que participe directamente en su crianza, siempre deberá propender porque el menor tenga un ambiente sano, cómodo y seguro, libre de cualquier tipo de maltrato o violencia que pueda involucrar, estrechamente, el desarrollo y crecimiento personal de este futuro adulto.

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