Respeto e igualdad: una obligación de la sociedad con las mujeres

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Según un informe realizado por la Facultad de Derecho de la Universidad Libre, teniendo en cuenta documentación del Instituto Nacional de Medicina Legal, en el 2018 se han registrado, al menos, 3.014 casos de violencia de género contra la mujer en Colombia, lo cual equivale a alrededor de 50 cada día. Pese a que se hay una disminución de 441 casos frente a los registrados durante el primer bimestre de 2017, las cifras no dejan de ser alarmantes.

De esta manera, el estudio arrojó que las mujeres más afectadas por la problemática son aquellas que se encuentran en un rango de los 20 y los 29 años, con 1.295 denuncias. Asimismo, también se reportaron 81 casos en lo que menores de edad fueron maltratadas por sus parejas.

En cuanto a los actores del maltrato, se tiene que 1.716 actos de violencia fueron provocados por la pareja y en 1.026 los responsables son los exnovios o exesposos. De acuerdo con las denuncias, aproximadamente 2.858 hechos violentos se presentaron por discusiones sentimentales y 156 por el estado de alicoramiento de los hombres.

Por otra parte, en los mecanismos de agresión predomina el uso de las armas contundentes: palos, bates o fuertes golpes con manos y piernas, lo cual suma 1.826 registros, y al menos 656 casos se utilizaron mecanismos múltiples, con dos o más armas. Tales situaciones dejaron 2.655 mujeres incapacitadas hasta un mes y otras 18 víctimas por más de 30 días.

Otro punto que cabe resaltar es el escenario en donde se desarrollan las agresiones, de lo que se tiene que el mayor número de casos se presentan en las viviendas con 2.243, seguido de la calle o vía pública con 542.

Asimismo, las zonas donde más se registraron casos de violencia de género en lo corrido del 2018 son: Bogotá con 760 mujeres maltratadas, Antioquia con 311, Cundinamarca con 236, Valle del Cauca con 204, Santander con 172, Atlántico con 136 y Meta con 103.

¿Qué está pasando?

Luego de conocer las cifras de violencia contra la mujer en el país, no hay claridad frente a qué está pasando. ¿En qué momento la sociedad se dejó engañar creyendo que el maltrato al género femenino debía ser parte de la cotidianidad? Y no hay que concebir el maltrato, únicamente, como una agresión física, puesto que este se presenta desde diferentes escenarios, tales como el psicológico, verbal, sexual, económico, laboral, entre otros, cada uno de ellos enfocados a violentar los derechos de la mujer como persona.

No importa en qué nivel o escenario se presente la violencia de género, esta, de ninguna manera, puede aceptarse ni, mucho menos, puede seguir siendo parte de la cotidianidad. Las mujeres están viviendo con miedo: miedo de salir a la calle, miedo de caminar solas, miedo de refutarle algo a su pareja, miedo de ponerse un escote o de usar una minifalda, miedo de que su jefe sea un hombre, miedo de subir al transporte público y esto, desde cualquier punto de vista, no es justo.

Bastantes luchas han librado las mujeres como para seguir lidiando por un lugar que ya les pertenece: un mundo donde la igualdad de género sea una obligación, no una opción. No obstante, para muchos, la mujer sigue siendo quien debe dar respeto, una muestra más de que, para algunos, los falsos imaginarios -donde el hombre es quien ejerce el poder y, además, debe ser respetado- continúan arraigados.

Es hora de evolucionar. Las mujeres no tienen que seguir con miedo, deben sentirse respaldadas, acompañadas en una lucha por el respeto y la igualdad que, al fin de cuentas, les conviene a ambos géneros, pues, en la medida en que mujeres y hombres comprendan que son seres que pertenecen a una misma especie: LA HUMANA, la sociedad podrá vivir en armonía y libre de desigualdades.

La sociedad está en deuda con las mujeres, han sido años de silencio y opresión, donde las leyes y las acciones sociales se ha quedado cortas ante los vejámenes que el género femenino ha padecido y, pese a que algunas víctimas y defensoras de la causa han levantado la voz, aún queda mucho por hacer, pues, en ocasiones, la justicia parece ciega ante la realidad palpable.

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