Al campo con respeto – Homenaje a los campesinos – Fotoreportaje

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Nacer en una familia campesina, donde por tradición se ha ido heredando por el amor al campo, desde los abuelos a los padres y de estos a sus hijos y ahora son ellos quienes continúan con esta labor, con sentido de pasión hacia la tierra. Ese es el caso de Juan Diego Echeverry, un joven campesino de tan solo 21 años, de El Santuario, viven en la vereda La Floresta y ve en los suelos oro que se puede comer.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Él madruga todos los días a las 6 de la mañana, se toma un buen chocolate con una arepa, quesito, huevos y pan, y sale con la motivación de ir al campo a labrar los arados, aporcar las plantas y a retirar las hierbas o mejor dicho en sus palabras “la maleza”. Empuña un azadón e inicia la labor.

 

 

 

 

 

 

Los insumos que utiliza para el cuidado y protección de las plantas son industriales van desde los fertilizantes hasta riegos químicos, el primero para que las cosechas sean abundantes, el segundo, para que las plagas e insectos no acaben con el sembrado. “Ahora todo está muy costoso, a uno como campesino le toca muy duro, como por poner un ejemplo; antes, por ahí hace 10 años, un kilo de semilla de remolacha costaba 13 mil pesos y ahora en menos de 250 mil no se consigue y así es con todo… ”, afirma Juan Diego, con tono de voz de desilusión, “la manera como el Gobierno no nos apoya, por el contrario, nos quiere más pobres”.

 

 

 

 

 

 

En promedio un cultivo de repollo tarda entre dos meses y medio a tres para que la cosecha se pueda comercializar. Juan Diego, ve todo el proceso desde la germinación de la semilla hasta la venta en las plazas de mercado, menciona que, “la tierra es increíble en la manera de cómo una planta nos puede dar la comida y el sustento económico para mi familia”. 

 

 

 

 

 

 

Las manos de él como la de cientos de campesinos en el país son mágicas, la dan toda en el campo, tienen callos, heridas, las uñas llenas de tierra y sucias, esta es la descripción de las personas que trabajan en la tierra, siendo ellos quienes llenan de alimentos las ciudades.

 

 

 

 

 

 

“Nosotros no nos mantenemos limpios, porque es imposible, nuestra vestimenta es sencilla. La gente no debe fijarse en nuestra presentación personal, por el contrario, nos debe reconocer como una profesión que pocos se atreven a realizar”, es el mensaje que envía Juan Diego, para qué las personas le den el respeto que merece el campesino.

 

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