Historias de vidaMarinilla

Anderson Martínez, el Síndrome de Tourette y la música

Por: Yuliana Escobar Sepúlveda, yuli.e.s@outlook.com

El síndrome de Tourette es un trastorno neurológico que se distingue en las personas por movimientos y palabras repetitivas de manera involuntaria, los cuales son considerados como “tics”. Esta condición, a pesar de no ser tan mencionada, es la más común entre las más extrañas.

Anderson Martínez, un joven de 23 años-habitante de Marinilla y originario de Doradal-, padece de dicho síndrome; sin embargo, su sueño de ser un músico profesional y sus allegados, no han permitido que desista de sus deseos a pesar de las adversidades.

La primera vez

Un día como cualquier otro, Anderson con tan solo siete años de edad, se levantó haciendo un sonido parecido al de un perro; salía de su boca sin voluntad. Además, su piel estaba muy sensible, se soplaba las manos y las sacudía para intentar calmar su dolor.

—Yo sentía unos chuzones tan horribles en la piel que yo quería quitarme la vida. —cuenta Anderson tocándose los brazos.

La familia estaba tan asustada que decidió llevarlo donde un chamán de Doradal, un hombre que practicaba rezos y curaba a las personas de manera oculta. Aquel día, el señor sujetó un péndulo y lo balanceó en la mitad de un libro. Esperó a que se quedara estático, pronunciaba palabras poco comunes hasta que el péndulo comenzó a moverse de manera circular sin la fuerza de la mano, es decir, involuntariamente. El chamán empezó a toser como si tuviera algo atorado en la garganta y, en ese momento, afirmó que Anderson tenía un maleficio. Entre sus oraciones extrañas y golpes suaves con ramas en todo su cuerpo, lo curó.

Luego de 5 años, Anderson se volvió a sentir extraño. Una tarde los sonidos regresaron, ahora eran más constantes. Volvieron donde el chamán, pero en esta ocasión fue imposible curarlo de nuevo.

Otra perspectiva, otro apoyo

Cuando Anderson cumplió sus 21 años, él y su familia decidieron vivir en Marinilla. Desde que llegó a dicho municipio, el joven se sienta todos los días en el parque.

Los días pasaban, el joven prefería estar en la calle porque los vecinos se asustaban, tanto que alguna vez le echaron a la policía porque creían que se estaba drogando en la casa. Además, prefería dormir lejos de su familia porque no le gustaba despertarlos.

Con el tiempo la gente se fue acostumbrando a los sonidos, aunque no conocieran lo que sucedía. Una vez, un señor que vende comidas rápidas en el parque principal escuchó los gritos hasta que se enteró que era el joven.

–Yo empecé a escuchar unos sonidos todos raros, hasta que un día pude dar con él. Yo lo fui socializando y         con el paso del tiempo me dijo que le habían hecho brujería; pero, la verdad, yo soy muy incrédulo para               esas  cosas; y luego, conocí el Síndrome de Tourette- relata Don Leo.

Desde que entablaron una conversación, este señor ha sido su mano derecha. Anderson ha lidiado con su situación al lado de Don Leo, quien lo ha acompañado en el proceso de superar su condición brindándole ayuda profesional con psiquiatras y neurólogos para controlar sus tics, y, además, sus depresiones; pues, a veces, desea terminar con su vida.

Por otra parte, logró entrar a la fundación FUPER (Fundación para Pacientes con Enfermedades Raras) en Medellín, que se encarga de apoyar y ayudar a pacientes con enfermedades crónicas, de alto grado de discapacidad y poco comunes. Fue allí donde Anderson pudo conocer a otras personas como él.

–Allá vi otra gente peor. Algunos gritan más fuerte y otros insultan peor que yo— cuenta Anderson

–¿Cómo gritan o qué hacen? — pregunté algo ansiosa

–Es que yo insulto pasito, yo digo “güev…”; pero hay uno muy charro que dice dizque “Care chim…, care             chim…” y lo hace todo duro, qué pena — responde riéndose de sus compañeros en la fundación

–¿Hay personas que tengan otros síntomas que usted no haya tenido?

–Hay un man que camina y de un momento a otro se tira al piso… Eso es tan charro — Se ríe nuevamente          y me hace reír a mí y a Stiven también, otro amigo que lo ha apoyado en este proceso.

La magia musical

Stiven Alvares y Anderson Martínez

Bien dicen que la música alivia el alma; y en este caso ha logrado no solo aliviar el alma de Anderson, sino también su condición. El joven persigue sus sueños de manera constante, pues se ha aventurado a aprender a  tocar guitarra, piano y a cantar.

Stiven Álvarez no ha sido solo su amigo, sino también su profesor en alguno de estos procesos. Afirma que cada vez que toca un instrumento sus tics se reducen considerablemente.

–Él toca la guitarra y se le van los tics por un lapso de      tres a cinco minutos… Yo estuve investigando esto y        dicen que es un método terapéutico. Esto sucede cuando está muy concentrado o emocionado con algo, también.

Según Jordi A. Jauset, máster en Psicobiología y Neurociencia Cognitiva, en una entrevista de El Tiempo, dice que “la música es fundamental para desarrollar humanos íntegros, porque estimula funciones cognitivas como la atención y la concentración. La música es un poderoso estimulador de la neuroplasticidad cerebral (capacidad del cerebro para adaptarse y cambiar como consecuencia de conductas y/o experiencias)”.

Stiven Álvarez es un allegado que ha vivido con él esta situación, pero también lo ha ayudado en la parte musical, no solo para calmar sus tics, sino también para hacer realidad su sueño de ser un músico y grabar un disco de reggaetón. De hecho, el profesor Stiven dice que “él no tiene que acomodarse a la sociedad, sino que la sociedad tiene que aprender a tolerar y comprender esto”.

Anderson ha encontrado una manera para controlar sus tics y también para comenzar sus estudios musicales, pues su mayor anhelo es poder estudiar música en la universidad. Por ahora, da lo mejor de sí con los conocimientos que le aporta Stiven y la Casa de la Cultura de Marinilla, dando a entender que, si él puede, los demás también pueden hacerlo.

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