Chepa, el hombre de los mil trajes

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Si usted va por las calles de Rionegro y, de pronto, se topa con un personaje muy peculiar, no se asuste, ese es Chepa. Algunos lo llamaran loco, otros, arriesgado y, muy pocos, genio, sí, genio, pues hay que analizar, investigar y observar mucho para construir el personaje que hoy es, y, pese a que diariamente adopta una figura diferente, él, en su ser, es uno.

Luis Iván Restrepo (Chepa), ha sido la reencarnación del Rey David, el Verdugo de la época de la Inquisición, Hitler, el Conde de Montecristo, un acaudalado argentino y un elegante escoses, solo por mencionar algunos. Para cada uno de sus trajes tiene una historia, muchas veces real, otras tantas poco probables, no hay certeza si quien las cuenta es el mismo Chepa o, quizá, el ser que con ese traje está interpretando, lo único que es claro es la distinción con la que este hombre camina diariamente por las calles rionegreras, casi como si, los andenes, fueran sus pasarelas.

Pulcras y bien cuidadas están sus vestimentas, ni una mancha, ni una arruga se encontrarán en ellas, pues Chepa las cuida como a su más valioso tesoro, y cómo no hacerlo, si a cada traje le ha dejado un poco de su esencia.

Chepa es un mago, pues con sus trajes e historias sorprende y, aunque en ocasiones su seriedad confunda a quien lo observa, este personaje posee gran nobleza, pues muchas han sido las ofensas que algunos de sus trajes se han ganado, pero es más grande la decencia de este hombre destacado.

Dice Chepa que muchos municipios, con sus trajes, ha visitado, y que, a donde quiera que vaya, termina retratado, pues su labor como personaje cultural es mostrarse a la gente, entregarle un poco de historia y ser elocuente.

Muy temprano en la mañana don Luis Iván se levanta, va a la plaza de mercado a preparar el ganado, lo cuelga y lo pone a la venta. Luego, cuando ya ha terminado, se dirige a su vivienda, se limpia, se asea y se pone el traje que, desde el día anterior, ha preparado.

Este es Chepa, un ser auténtico y con mucha magia, que no les teme a las miradas ni a los comentarios a su espalda, es más, le gusta que lo observen y, más aún, que lo reconozcan, por eso, si se lo encuentra, salúdelo, quizá esté de suerte y le cuente una historia.

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