El paraíso que no encontró Yanina

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“Conocí a Juan por la Internet a través de Facebook, buscando una relación sentimental y económica porque estaba realmente necesitada”, así comienza el relato de esta mujer que confiada, aceptó las dádivas de un colombiano que se interesó por ella y le prometía ser la solución a sus problemas.

Yanina Arauz Vega lleva medio año en el Oriente Antioqueño. Aunque las ofertas turísticas de esta región son atractivas para los extranjeros, Yanina no permanece aquí precisamente por gusto propio; su estadía se supone que iba a ser cuestión de horas.

Esta panameña de 28 años es trigueña y de baja estatura, con una discreta postura carga con la nostalgia de haber vivido inocente una falsa ilusión que la alejo de los suyos. Cuatro meses conversó con Juan, un colombiano que de acuerdo a su cuenta en la popular red social, era contratista de construcción. Este hombre llamó la atención de Yanina y sostuvieron un romance virtual.

En sus conversaciones Arauz le contó al colombiano que no tenía recursos y que necesitaba a una persona que le ayudara. “Pasó una semana y me envió un western de casi 300 dólares, dijo que no me preocupara, que con él no me iba a faltar nada”. Durante esos meses le transfirió dinero y detalles que gustosamente recibía, así podía cubrir algunos gastos suyos y de su hija de 12 años.

En noviembre de 2012 y después de haber conversado cuatro meses, Juan le propuso que lo visitara en Colombia. Con ingenuidad y la ilusión de conocer al hombre que la había complacido desde la distancia, viajó hasta allí.

Después de un par de horas de vuelo arribó a Pereira. Allí esperaba el anhelado encuentro. Pasaban los minutos y no reconocía en los rostros uno familiar. Después de 40 minutos dos hombres que decían ser primos de Juan, le pidieron que los acompañara. Caminaron hasta tomar un taxi. De pronto llegaron a una plaza y esperaron un buen rato. Entre las turbulentas calles apareció un lujoso carro con vidrios oscuros. Los hombres le instaron a subir y ya adentro se encontró con Juan, quien conducía el vehículo.

Durante largas horas se movilizaron en el vehículo, “pensaba que nunca íbamos a llegar” dice Arauz. Cuando al fin pudo bajar de él, se encontraba frente a una casa en medio de jardines y céspedes atractivos. Desde que llegó las atenciones y buenos tratos la acompañaron. Juan le manifestó palabras de amor y esa misma noche tuvieron un encuentro pasional. Sin embargo y después de eso, Juan dijo que los senos de Yanina no le gustaban y le ofreció la posibilidad de hacerse un implante que mejorara su figura. “acepté por la ambición de querer tener unos pechos más grandes” cuenta Yanina.

Tardó más en decidir, a que dos médicos y una enfermera llegaran hasta la finca, pues el procedimiento sería de inmediato y a domicilio por decisión del hombre, que no aceptó la solicitud de ir a una clínica. Eran las nueve de la mañana y tenía la intención de desayunar cuando ella se encontró con los supuestos cirujanos. En ese momento éstos le presentaron dos implantes de diferentes tamaños para saber cuál de ellos quería tener, ella optó por los más pequeños.

Hasta ese día vería sus naturales y sanos pechos. Ya en un cuarto de la casa, en un improvisado quirófano, le conectaron un catéter y le dieron de tomar una pastilla. Durmió no sabe cuántas horas y poco a poco fue recobrando la conciencia. Cuando despertó estaba a su lado la misma enfermera que había visto en el comedor. Grande fue su sorpresa cuando comenzó a sentir su cuerpo, su mirada notaba el cambio y volumen exagerado de sus nuevos senos.

”No aguantaba los dolores en mi espalda y tenía que andar encorvada por el mismo peso”, recuerda Yanina. Pero ya no había paso atrás. Tres días más estuvo bajo cuidados de la enfermera. Pasadas unas horas Juan le comunicó que irían a pasear a Cuba.

Debió viajar sola hasta el aeropuerto José María Córdova de Rionegro, porque quien sería su compañero de viaje debió asumir asuntos pendientes. Durante ocho horas viajó en buseta de Pereira a Rionegro. El largo trayecto generó múltiples malestares en Yanina Arauz, sin embargo las ansias de conocer Cuba le sobreponían el ánimo.

Una inesperada sorpresa

“Pasaba hacia la zona de abordaje cuando una auxiliar de la policía reparó mis senos. Por solicitud de ella le conté que me había hecho una cirugía”, narra Yanina. No conforme con la explicación la agente le pidió que la acompañara hasta un lugar donde pudiera constatar la normalidad de su busto. Ya es bien sabido que las modalidades de traficar con drogas cada vez son más ingeniosas; pero estaba tranquila y no temía a nada porque recordaba cómo perfectamente le presentaban los implantes que creía llevar consigo.

“Me revisó, tocó mis pechos, y dijo que no le parecía normal que fueran tan duros”. Le dijo que no podía viajar hasta que se aclarara con exámenes médicos toda sospecha por tráfico de drogas. “Fue entonces cuando me llevaron a un hospital, me hicieron una mamografía pero no dio ningún resultado”. La insistencia de la policía no paró allí, fue así como le practicaron un examen más profundo. Juan dejó de comunicarse con la panameña Arauz.

En esa cirugía los agentes confirmaron las sospechas. Lo que en realidad le habían implantado al cuerpo de esta mujer había sido cocaína líquida. La más sorprendida fue Arauz, quien asegura que nunca sospechó de algo así. Los intereses engañosos de aquel hombre y sus falsas promesas de una vida sin preocupaciones le depararon a la extranjera algo que jamás creyó vivir.

Siete días permaneció en cuidados intensivos, pues las alteraciones cardiacas complicaron su estado de salud. Le dictaron medida de aseguramiento y la trasladaron a un Centro de Atención Inmediata –CAI- de la policía en Rionegro. Allí debió permanecer padeciendo los fuertes dolores que sus heridas le producían. “Me sentía tan mal, casi a punto de desfallecer, y sólo se me ocurrió llamar a Eliana, la mujer que accedió a ayudarme”.

Eliana Valencia ejercía como guarda de seguridad en el hospital donde fue atendida Yanina. El sufrimiento de la solitaria extranjera desató en ella un profundo sentimiento de compasión. Eliana la asistió varios días en el CAI y aprendió de primeros auxilios para poderle practicar las curaciones. Cuenta que “aunque la gente trataba de desviarme de mis intenciones por ayudarla, yo decidí hacerlo y hasta que pueda regresar a su país lo haré”.

Actualmente ésta extranjera vive en la casa de la que se ha convertido su ángel de la guarda. “Han sido mi mejor ayuda en este país”. Yanina recuerda que Eliana fue la primera persona que vio al salir de cuidados intensivos. “Me ofreció su amistad, y cuando Salí de la UCI, ya en sala, fue la primera que me visitó con su hermana; me llevaron ropa y útiles de aseo”.

Consecuencias judiciales

El 10 de enero un juez ordenó su captura y la condenaron a 144 meses de prisión por el delito de porte y tráfico de estupefacientes. La pena fue reducida a sólo 14 meses por colaborar con la justicia.

Las inclemencias de la cárcel, las limitadas condiciones, el estado de la comida y del baño, sumieron a esta mujer en profundos estados de dolor y sufrimiento. Comenta que era la primera vez que pisaba una prisión puesto que nunca había tenido problemas con la justicia.

A mediados de julio Yanina Araus Vega salió de la prisión bajo libertad condicional. Ahora está consiguiendo el dinero para cubrir los gastos de visado y el pasaje de vuelta a casa, eso es lo que más añora ella. Desde su país la familia está adelantando conversaciones con la embajada, y exponen el caso de su pariente para tenerla de vuelta.

Las secuelas de todo lo vivido siguen afectándola, debe tomar pastillas para la tiroides y evita agitarse para no desatar taquicardias.

“A mí me vendaron los ojos, por la ambición del dinero pensé que podría tener un futuro mejor, que esa persona realmente me ayudaría”. Hay gente que se aprovecha de la humildad de los demás.

El pasaporte era por 90 días y ya llevo 7 meses aquí, el sello vale 400 mil pesos y no tengo el pasaje porque la agencia de viajes no me lo quiere regresar

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