Opinión: en Facebook todos somos jueces

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Por: Viviana Suárez, Comunicadora Social.

Con seguridad, la gran mayoría de los que está leyendo este artículo tienen una o más redes sociales. Es más, me atrevería a decir que, de esa gran mayoría, muchos comenzamos con Facebook, subiendo una que otra foto para compartir y conocer nuevos amigos.

Fue exactamente en el 2003 cuando al estadounidense Marck Zuckerberg se le ocurrió crear una plataforma virtual con el fin de entretener a sus compañeros de Harvard. Este portal se llamaba Facemash y la idea era que los mismos estudiantes de la prestigiosa universidad juzgarán qué tan atractivos eran sus compañeros y de esta manera crear rankings. Pero, resulta que con tan sólo dos días de haberse estrenado el sitio, fue cerrado por utilizar fotos sin una autorización previa. Aun así, con sólo un par de días, Facemash alcanzó un total de visualizaciones de 22.000 fotos. Pues, como les parece que fue tal el éxito de dicha iniciativa que ya en el año 2004, Zuckerberg, en conjunto con otros compañeros de clase renovaron su idea y consolidaron lo que hoy en día conocemos con el nombre de Facebook.

Al principio las cuentas sólo estaban disponibles para los mismos estudiantes de Harvard, con el fin de que estos usuarios pudiesen conectarse con otras personas, compartir sus intereses e incluir información personal como sus horarios de clase y los lugares que frecuentaban. Pero luego, más universidades de EE.UU y Canadá comenzaron a usar la famosa red social que hasta ahora empezaba a tomar fuerza.

Sólo hasta el año 2005 los usuarios pudieron comenzar a etiquetar a otras personas y así expandir sus contactos en el mundo digital, lo que era en realidad una verdadera locura, y más aún cuando por fin en el año 2006, Facebook se convirtió de manera oficial en la primera red social virtual con presencia en todo el mundo. Es que era muy sencillo, para acceder a esta red sólo necesitabas ser mayor de 13 años y tener una dirección de correo electrónico. 

Hasta acá todo parecía ser verdaderamente perfecto, justo antes del 2009, cuando fue habilitada la opción “me gusta” lo cual desató una ola de odios y amores entre los internautas. Y es que para Zuckerberg, el gigante de la industria, todo pintaba perfecto, pero con el paso de los años se desató una verdadera controversia. Nadie imaginaría las consecuencias legales que ocasionaría dicha red, ni mucho menos las secuelas psicológicas que se desplegarían.

Todos hemos escuchado alguna vez que no hay algo bueno ni malo, sino que todo depende del uso que le demos, y por supuesto que es así. Pero el verdadero problema surge a raíz de una empresa digital que poco a poco fue convirtiéndose en un gigante, el cual, de manera desproporcionada, concedió permisos a millones de usuarios en el mundo para que hicieran uso de su red; pero que al parecer no tuvo la suficiente precaución de imponer límites a tiempo, ni con sus usuarios ni con el contenido que desde allí se gestiona. 

Es entonces cuestionable pensar que en el Facebook todos son expertos. Con esto no quiero decir que nuestros puntos de vista sean o no valiosos, pero sí que somos absolutamente irresponsables al suponer que todo lo que se publica en una red social es verídico y sobre todo confiable. Lo anterior lo sustento porque soy la primera en cuestionar la inmediatez mediática. ¿Acaso el hecho de difundir masivamente una información nos da de entrada la seguridad de que esta sea cierta? Ojo, porque no necesariamente quiere decir que así lo sea.

Tampoco pretendo hacer ver como amarillista a una red que sin duda nos ha brindado grandes aportes, pero también me gustaría que comencemos a reflexionar respecto a lo que desde allí se publica, quién lo hace y, lo más importante, qué bases o evidencias se tiene para confirmar su veracidad. Lo que sí quiero es que por un momento pensemos que detrás de cada publicación está en juego la reputación de una persona, alguien que además tiene madre, padre y probablemente hijos que se verán afectados en caso de que lo que allí se muestre vaya en contravía de lo que se espera conocer. Y ¿qué tal que además de todo, dicha información no sea real?

Considero entonces que debemos reforzar nuestra ética individual y repensar si antes de afectar la dignidad de alguien con nuestras acciones o palabras, estamos pensando realmente en la verdad o simplemente en alimentar nuestro ego personal tan sólo por alcanzar el tan anhelado “Like”.

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