Fotoreportaje: Sin café no hay paraíso

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Por: Carlos Mario Palacio

Casi siempre se ha dicho que el paraíso es aquel lugar que nos genera tranquilidad y paz, pocos se han atrevido a decir lo contrario. El origen de esta palabra, por cierto, proviene de una situación que hace referencia al famoso “paraíso persa”, que se presenta como un sitio bello y agradable, lleno de flores y árboles, semejante a la finca de don Bernabé Castaño Gallego, un campesino acogedor quien realmente vive en un paraíso.

-Hemos llegado al paraíso- dicen la mayoría de las personas al momento de encontrarse con esa antigua casa campesina adornada por flores, montañas, ríos, café y gente amable, como Bernabé y su familia.

Así comienza la historia del nombre del café El Paraíso, cultivado y producido por las manos de un caficultor de pura cepa, que nació en medio de una familia cafetera por tradición y que a sus cincuenta y dos años ha mantenido vivo el legado que le dejaron sus padres; el de coger café y vivir de él, feliz de la vida y orgulloso de ser campesino.

No hace mucho que Bernabé decidió dar un gran paso en su vida. Luego de varios años de solo coger café para venderlo por kilos en el pueblo de Cocorná, comenzó a hacer realidad su propio emprendimiento. Por intermedio de un extensionista -aquella persona contratada por la Federación Nacional de Cafeteros para asesorar el trabajo de los cafeteros- fue abriendo camino hasta lograr tener su propia marca que, al día de hoy, le ha permitido darle un valor diferenciador al campo y enaltecer aún más la labor del campesino. La experiencia la dan los años, es verdad; pero es el aroma, la textura y el sabor de su café lo que termina reafirmando el éxito de su proceso, el cual requiere todo el amor posible. La clave, según el conocimiento de Bernabé, radica en el manejo consciente y en el tiempo preciso a la hora de la recolección del café. Todo tiene su detalle, ignorar alguno traería cambios en el sabor de El Paraíso.

“Se podría decir que mi café es de origen porque es de una sola finca. Por eso el manejo que le debo hacer al café desde que lo siembro, lo cultivo y lo abono no puedo cambiar. Hay que tener en cuenta que, de acuerdo a la altura sobre el nivel del mar, el café presenta variación en el sabor y en el aroma, por ejemplo, mi café está a 1.700 msnm y entre más alto este con relación al mar es más bueno el producto”, explica. “También influye mucho el clima y el área de bosques que hay alrededor del café, ya que retiene los aromas de acuerdo a la afloración de los árboles, si son limones, naranjos o guayabos”, agrega.  

Por eso mismo, hablar de café El Paraíso conlleva conectarse con el origen y lo artesanal. Lo primero tiene que ver con la manera de cuidar la finca y lo segundo con la forma de producir limpiamente el grano que se ha convertido en parte fundamental de las familias antioqueñas.

El proyecto que viene emprendiendo Bernabé es una de las tantas joyas escondidas que posee el Oriente antioqueño, región biodiversa. Por eso les contaremos a través de estas fotografías cómo es el proceso por el que tiene que atravesar el café antes de su etapa final y cómo este emprendimiento local llevado a cabo por una familia campesina de la vereda La Esperanza perteneciente geográficamente al Carmen de Viboral, sirve de referente y motivación para que más personas compren directamente los productos a los campesinos en honor a su esfuerzo, paciencia y valentía.

 

El fruto ideal

Una vez el árbol de café ha madurado, proceso que se lleva entre dos años y medio a tres, los primeros frutos van apareciendo en forma de collar. Unos verdes, otros rojos. En el momento preciso fue captada esta imagen en la finca de Bernabé, donde uno de sus cafetales se compenetra mágicamente con el cerro El Picacho, joya natural de Cocorná.

La recolección del Café

Técnicamente, el primer paso que debe hacer Bernabé es la recolección de su café, acción que realiza únicamente cuando el color del grano le indica-señala que ha llegado el momento de desprenderlo del árbol. Si se coge pintón, es decir, con partes verdes y rojas, puede correr el riesgo de perder su sabor auténtico o de origen, como él lo llama.

La despulpada

Tras pasar por las manos generosas de este campesino, el café se dispone a ser despulpado en una máquina que ha acompañado por muchos años a miles de cafeteros y caficultores de nuestra región y país. Este aparato tiene la función de desnudar literalmente la pepa roja que luego se transformará a su color más representativo.

 

El secado

El año pasado, Bernabé Castaño, se vio beneficiado con la construcción de una marquesina, una estructura de metal o madera con techo plano inclinado de material plástico que actúa como secador solar del café. Gracias a ello, su proceso se agiliza y facilita un buen secado. Entre más calor haya, mejor textura, sabor y aroma adquiere el grano.
El secado ha culminado cuando su color del grano es parecido al cemento y la dureza es tan fuerte que marca el final de esta etapa.

La tostada

La tostada del café demora entre hora y veinte a hora y media, a una temperatura muy alta que supera los 100 grados de temperatura.

La enfriada

Posteriormente el café pasa o una etapa de reposo que dura todo el día o toda la noche, dependiendo la hora en la que inicie.

La molida                                                                            

Después de estar enfriado el café, se espera dos días para molerlo y venderlo a su respectivo cliente. Cabe aclarar que el café recién tostado no se puede moler porque pierde calidad y aún conserva los gases del calor.

Pura tradición

Aquí tienen el café que lo lleva directo al paraíso.

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