VIH: más que tres letras, una enfermedad silenciosa

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Por: Manuela López Osuna

COMUNICACIÓN SOCIAL UCO, manuelopezo@outlook.com

 

“En algunos casos, quienes padecemos esta enfermedad no presentamos síntomas. Por eso es importante saber todo, sin tabú, sobre este virus. Así, podremos evitar diagnósticos tardíos y tratarlos de la mejor manera”, dice joven de 25 años, habitante de Guarne.

 

El VIH es un virus que genera una inmunosupresión (disminución de reacciones inmunitarias). Este ataca a las células que se encargan de proteger al cuerpo de infecciones, y al atacarlas o valerse de ellas para reproducirse como virus, las deteriora. Lo que hace que, con el tiempo, el cuerpo se vuelva más vulnerable a contraer infecciones que solo aparecen en un organismo con defensas muy bajas.

 

“La infección por VIH es completamente asintomática. Solo presenta síntomas en el momento en que aparecen infecciones oportunistas, que casi que de manera exclusiva les da a personas con un sistema inmunosuprimido, pues ellas aprovechan las bajas defensas para alojarse en el cuerpo”, dice Valiente*, médico de 28 años, diagnosticado de VIH.

 

En 2019, el joven oriundo de Medellín, quien es especialista en Derecho Médico, se realizó un examen de sangre (tamizaje) como lo hacía habitualmente. Sabía que su profesión y su condición humana le exigían tener certeza de su salud. Además, estaba comenzando una relación sentimental y quería brindarle seguridad a su pareja.

 

Unas amigas y colegas de Valiente fueron las encargadas de entregarle el resultado. Era un día inquietante y solo ellas conocían la importancia de recibir el análisis. El médico salió en busca de sus compañeras y ellas, entre silencios profundos y actitudes de compasión, le entregaron el resultado sin decir una sola palabra. Valiente, al leer lo que allí estaba escrito, sintió que la vida ya no tendría sentido y que no solo se había equivocado como persona, sino que le había fallado a su profesión.

 

“Fue duro saber que yo era un médico y que tenía ese diagnóstico. Es como si le fallara a mi profesión”, cuenta Valiente. No obstante, su agobio duró muy poco, ya que encontró una razón por la cual alcanzar mejores hábitos y entregarle toda su pasión a su carrera.

 

Inició un estilo de vida saludable y se convirtió en el mejor aliado de su salud, tal como lo hacía con sus pacientes y amigos.

 

VIH no es sinónimo de muerte si se diagnostica rápidamente

 

“Gracias al empeño que le ha metido la ciencia al estudio de la enfermedad y al desarrollo farmacológico, se ha producido una gran cantidad de fármacos que ayudan a que se controle la replicación del virus en el cuerpo. Es decir, que el virus no entre a las células que están destinadas a ello y que no se afecten. Por ende, no se bajan las defensas”, asegura el especialista en Derecho Médico.

 

Por esto hoy, incluso en África, donde mayor cantidad de infecciones hay, se utilizan los antirretrovirales que logran tener cargas virales tan bajas, que se vuelven indetectables para los exámenes, y con eso prolongar la calidad y los años de vida de una persona, igual a un individuo que no sea portador del virus.

 

Hace 40 años, el diagnóstico era sinónimo de muerte o poca esperanza de vida. Hoy no hablamos de eso. Hoy hablamos de una enfermedad que requiere de un tratamiento, que no se debe permitir la historia natural de la infección y que, con seguimiento médico, se logra mejorar las condiciones de vida de quienes viven con VIH (pvv).

 

Pese a que la calidad de vida aumenta con un buen tratamiento, el virus no se va del cuerpo. Es una enfermedad crónica, que no se cura, pero se trata con el mínimo de efectos adversos.

 

Cuando alguien es diagnosticado ¿debe tener una vida diferente?

 

El diagnóstico te crea consciencia frente a cuidados que debemos tener los seres humanos, pero no te hace vivir diferente al resto del mundo ––me dice Valiente––. Lo único que se recomienda es cuidar y no compartir los implementos personales como el cepillo de dientes y máquinas de afeitar, usar preservativo en cada relación sexual, lavar las verduras antes de consumirlas, alimentarse de manera saludable y tratar de no asistir a lugares aglomerados. ¿Quién no debería hacer eso? Todos deberíamos hacerlo. Lo que sí es distinto es que nos tenemos que adaptar a lo que adquirimos, a tomar un medicamento, y a asistir a consultas médicas frecuentes. Pero lo que se refiere a estilo de vida, debe ser exactamente igual a los demás.

 

RED DE APOYO SOCIAL DE ANTIOQUIA

 

Al preguntarme por algún caso que no estuviera relacionado con aquellas colectividades clave, encontré a una mujer carismática, de cabello rizado y dientes pronunciados, que me permitió conocer la historia detrás de su diagnóstico, además de la labor humana que ejerce a raíz de la falta de apoyo social que viven las pvv.

 

María Natalia Valencia Sáenz es Psicóloga de la Universidad de Antioquia, promotora de la Fundación RASA, activista en VIH y diagnosticada del mismo. Adquirió el virus cuando tenía 23 años y hoy, 23 años después de recibir la noticia, hace parte de la Red de Apoyo Social de Antioquia, que se encarga de brindar soporte a quienes padecen alguna vulneración a sus derechos médicos y sociales.

¿A qué se dedica la fundación?

 

Nuestro objeto social es la asesoría legal en rutas de atención a la población que es usuaria del Sistema General de Seguridad Social en Salud, en Colombia. Por lo tanto, apoyamos a quienes reciben quimioterapias y su tratamiento es negado, o a quien tiene VIH y por haberse quedado sin empleo le interrumpen su tratamiento de igual manera. No ayudamos a un grupo de personas en especial, sin embargo, ejecutamos proyectos que promueven la realización de la prueba de VIH, para que haya diagnósticos tempranos y que la calidad de vida de las personas no se vea mayormente afectada. Adicionalmente, tenemos un grupo terapéutico de personas que tienen el diagnóstico y seres que conviven con VIH. Es decir, una pareja, madre o padre, hermana o hermano, entre otros.

 

Natalia, pese a que sonríe tras cada palabra que pronuncia y tiene una voz potente, lo cual transmite seguridad, ha construido su vivaz personalidad durante la convivencia con el virus y le ha hecho frente para ser vocera de aquellos que no son capaces de salir al mundo y enfrentar su diagnóstico.

 

“Hay quien dice que esto es lo mejor que le ha pasado. Hay quien dice que esto es lo peor. Unos sufren, otros se culpan y otros como yo, comenzamos a hacer trabajo con el tema. Mi vida no es que gire en torno al VIH, pero si trabajo con él. Soy psicóloga y asesoro a personas con el diagnóstico”, manifiesta Natalia.

 

Nuevamente, al igual que a Valiente, le pregunto si ha tenido cambios en su vida, a lo que la psicóloga responde:

 

“Todos los días me levanto, trabajo desde la casa, hago ejercicio eventualmente, ya que soy indisciplinada con eso. Tengo mis amigos, salgo, si quiero una cerveza me la tomo, si quiero rumbear, rumbeo. Pero, ¿cómo es la vida? Como la de cualquier otra persona”.

 

A pesar de que el diagnóstico de VIH ya no significa “muerte”, hay quienes actualmente fallecen porque no reciben la atención, en su mayoría, debido a que no solicitaron atención a tiempo. O porque se la dieron, pero no tomaron el tratamiento. Quien gestiona lo necesario tiene todas las opciones de estar en buenas condiciones de salud y de morir por cualquier otra cosa y no por VIH. No obstante, todavía hay muchas personas que, por no querer ser identificadas, no se acercan a pedir su tratamiento.

 

“En Colombia está reglamentada la atención a pvv, a través del Programa Especial. Cada EPS tiene un programa al que asisten personas, específicamente con VIH. Por lo tanto, si yo voy a la farmacia corro el riesgo de encontrarme con gente y si tengo terror de que alguien me identifique, obvio yo no voy a ese lugar. Por supuesto no me tomo mi tratamiento”, explica María Natalia, quien también dice que la idea de VIH, igual a SIDA, igual a MUERTE, nos la vendieron hace mucho tiempo, pero que ella es la prueba de que hay otras posibilidades.

 

UN DIAGNÓSTICO PARA AYUDAR A OTROS

 

“En primer lugar, no podemos hablar de contagio, porque el contagio se da cuando nos enfermamos de algo de manera involuntaria. Por el contrario, cuando decidimos tener relaciones sexuales, como en mi caso, de manera consensuada con otra persona, somos conscientes de las posibles consecuencias y aceptamos lo que pueda suceder. Por ende, adquirimos la enfermedad”, expresa un joven de Guarne, activista de la comunidad LGBTI.

 

Este chico, quien es autodidacta desde que terminó sus estudios en el colegio, fue diagnosticado el 15 de octubre de 2017. Tenía una pareja estable y vivían su sexualidad de manera monógama. Sin embargo, luego de algunas situaciones complicadas, dieron fin a su relación y fue allí cuando se dio cuenta de que había contraído el virus.

 

“Al principio me sentí en una situación contradictoria porque yo quería tener una vida sexual plena, pero sabía que este diagnóstico me iba a impedir algunas cosas. Así que decidí frenar el tratamiento por dos años”, cuenta el hombre de 25 años.

 

Tiempo después, este joven se comenzó a enfermar de gripa, amigdalitis constante y le resultaba difícil digerir los alimentos. Por ello, tuvo que comenzar de nuevo el proceso y darle frente a lo que, no acababa su vida, sino que le brindaba un motivo para hacer las cosas cada vez mejor y cumplir su proyecto de vida.

 

“Por parte de los médicos, siento que a veces dicen las cosas de manera muy dura y eso hace que uno se asuste mucho y eso me sucedió. Además, algunos psicólogos solo se dedican a decir “no te vas a morir”, y yo creo que esto es un tema que va más allá de la muerte”, asevera el activista, oriundo de Medellín, que actualmente reside en Guarne, Antioquia.

 

Luego de iniciar el tratamiento, el hombre se empoderó y empezó a ayudar a un sinnúmero de personas diagnosticadas al tiempo que aprendía sobre la enfermedad, conformó un grupo de 21 adolescentes del Oriente antioqueño, para sacar adelante sus vidas y enseñarle a la sociedad que, el VIH, es mucho más que tres letras y no debe ser motivo de discriminación.

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